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Inicios en la abogacía

 

Los inicios en cualquier profesión siempre son complicados. Pero no voy a hablar de cualquier profesión, sino que me voy a centrar en la mía, Abogado, y a sus particularidades.

En multitud de ocasiones el aprendiz tiene que comenzar el ejercicio de su nueva profesión con una total falta de práctica en la materia, lo cual evidentemente es un elemento que dificulta aún más el ejercicio para el recién licenciado con importantes consecuencias. Este problema deriva de la orientación eminentemente teórica que tenía la formación exigida para el ejercicio de la misma, sobre todo en algunas facultades como la de Málaga, donde hasta hace muy pocos años se estudiaba con el plan de estudios de 1953.

La falta de práctica solía superarse de forma tradicional con la contratación del recién llegado por personas o empresas con una dilatada experiencia que por diversos motivos disponen de una carga de trabajo excesiva para el personal disponible, siendo más económica la contratación de personas con una reducida o nula experiencia que la de profesionales experimentados. Pero como todo en la vida tiene sus ventajas y sus inconvenientes, la contratación de un profesional sin la suficiente experiencia supondrá para el empresario la carga de enseñar al recién incorporado la "lex artis", esto es, el modo correcto de ejercer dicha profesión, algo que va mucho más allá de los conocimientos teóricos previos y que tiene más que ver con la superación de las adversidades que seguro se van a presentar en el día a día y con la gestión de la eventual prosperidad que con tanto esfuerzo se ha obtenido y que también hay que saber manejar, pues de todo hay que saber en esta vida.

Si en prácticamente cualquier profesión que nos podamos imaginar es impensable que el recien llegado comience a trabajar para su empleador sin recibir a cambio una remuneración económica digna, en la abogacía se encontrarán a multitud de despachos y compañeros defensores acérrimos de este tipo de explotación laboral justificando la misma en la gran inversión formativa realizada en el aprendiz y su nula capacidad de "sacar trabajo", extremos que a mi parecer atentan frontalmente contra la dignidad de cualquier persona, mucho más aún si hablamos de abogados. Si el aprendiz de abogado tiene la fortuna de aterrizar en uno de estos despachos habrá que luchar día tras día durante semanas o meses, trabajando duramente para compensar al empleador por el tiempo y esfuerzo dedicados a la formación del aprendiz antes de ser digno de una contraprestación con la que poder ganarse la vida, y que, siendo realistas, muchas veces nunca llega.

Aunque todavía es muy difícil iniciarse en el ejercicio de la abogacía sin tener que pasar una temporada más o menos larga e intensa en un despacho en el que obsequiarán al nuevo abogado de una aparentemente inagotable carga de trabajo de la que obtendrá amplia experiencia existe una alternativa para quienes no quieran ser mano de obra gratuíta para un despacho ajeno, que no es otra que colegiarse lo antes posible y comenzar el ejercicio de la profesión por cuenta propia. A quien se preocupe por la posible falta de clientes no tiene más que salir a la calle para darse cuenta de lo necesarios y solicitados que estamos los abogados en estos tiempos.

Por otro lado, si bien los colegios no hacen todo lo posible para evitar estos abusos y hasta ahora no se ha podido contar con ellos para controlar este tipo de contrataciones fraudulentas y abusivas (recordemos el artículo 27.5 del Estatuto General de la Abogacía, donde se faculta a los Colegios para que puedan exigir a los colegiados los contratos de colaboración y trabajo para verificar el cumplimiento de las normas establecidas en el Estatuto), por experiencia propia, la inmensa mayoría de los compañeros siempre están dispuestos a ayudar al recien colegiado para suplir su falta de experiencia con sus consejos e instrucciones, por lo que se sustituye la supervisión del tutor por la colaboración de compañeros más experimentados (tal y como viene previsto en el artículo 12.2 del Código Deontológico). Por eso, compañeros, os aseguro que no estáis solos.

En este inicio alternativo de la profesión no hay fórmulas secretas, pero es importante tener en cuenta varios aspectos. Es duro, difícil y totalmente desaconsejable embarcarse en esta aventura profesional sólo, siendo prácticamente obligada y absolutamente recomendable la asociación y colaboración de varios jóvenes letrados que compartan ambiciones, instalaciones, conocimientos, experiencias y clientes, siendo lo más habitual una progresiva especialización de cada uno de los compañeros en diversas areas jurídicas. Junto a estos compañeros de despacho se hacen igualmente imprescindibles otros compañeros que, si bien son ajenos al despacho, tienen la experiencia necesaria para aportar la seguridad y confianza necesarias para la ardua tarea de defender intereses ajenos sin que la inexperiencia de la dirección técnica de dicha defensa derive en una actuación negligente que pueda perjudicar a los intereses del cliente.

FORMAS IRREGULARES DE INICIACIÓN EN EL EJERCICIO DE LA PROFESIÓN

          Los comienzos siempre son duros, y más si cabe en nuestra profesión. Bien es cierto que, generalmente el abogado joven ha encontrado multitud de dificultades en los primeros años de ejercicio, sin embargo y con el agravado empeoramiento de la situación económica, estas barreras se han multiplicado exponencialmente, de tal forma, que incluso es bastante habitual encontrar situaciones en que el abogado joven, con el fin de encontrar un empleo, se ve obligado a permitir el abuso de sus propios derechos, algo paradójico cuando otras personas acuden a él para que los defienda.

             La falta de compañerismo, honradez y lealtad a la profesión, se origina cuando algunos despachos abusan de compañeros que están empezando o llevan poco tiempo colegiados, aprovechándose de factores como la coyuntura económica o la necesidad de tener experiencia profesional entre otras circunstancias, para someterlos bajo precarias condiciones a sistemas de trabajo que distan mucho de las garantías y prerrogativas que recoge el ordenamiento jurídico (contraviniendo incluso las propias normas internas de esta profesión). Todo esto produce una seria lacra a la Abogacía, debiendo ser ésta una profesión honorable que trate de cuidar muy mucho las relaciones entre compañeros, para dar así la mejor imagen posible a la sociedad y a los propios miembros que la conforman. Solemnizada nuestra profesión por su regulación en normas deontológicas y en el Estatuto de la Abogacía, no se puede ni se debe permitir este tipo de comportamientos que chocan frontalmente contra todo aquello que significa ser abogado.

           Es por ello, por lo que desde el Grupo de Abogados Jóvenes, nos hemos propuesto el reto de iniciar esta campaña dirigida a la toma de conciencia sobre la proliferación de estas prácticas irregulares. Confiamos en que el mensaje no sólo llegue al abogado joven que es quien sufre la vulneración de sus derechos, y en el que estamos seguros de que germinará la idea, sino también al abogado empleador, que es quien se beneficia de estas condiciones, y del que estamos seguros, y así lo esperamos, tome conciencia.

 

Situaciones comunes al inicio de la profesión

El inicio del ejercicio de la profesión, suele partir de dos figuras:

    I.- Comenzar a ejercer en despachos mediante contratos de colaboración. De esta forma el abogado joven presta sus servicios a cambio de iguala por colaboración en asuntos.

       II.- Comenzar a ejercer en despachos bajo la figura de la pasantía.

 

Breve análisis de ambas situaciones

      I.- Los contratos de colaboración son los más frecuentes. Es muy habitual encontrar compañeros que guardan relaciones profesionales con despachos mediante esta modalidad, el problema es que en ocasiones estos tipos de contratos encubren realmente contratos por ajeneidad que buscan disminuir los costes del despacho colaborador,eximiéndoles de cargas. El grado de habitualidad que presentan los contratos de colaboración es tan alto que los hacen una práctica normal, y en muchos casos, aunque aparentemente normales, lo que generaran son una situación totalmente irregular, ya que se origina una falsa apariencia de contrato mercantil cuando en realidad, lo que se da, es una autentica relación laboral, por reunir los requisitos de dependencia, horarios, vacaciones... Lo cierto, es que la cotidianidad se vuelve contraproducente, puesto que normaliza conductas que en muchos casos son contra legem. Estas prácticas que se generalizan, aunque estén mal hechas, presentan una apariencia de estar bien realizadas, o al menos, no ser tan malas o incluso se llegan a justificar "mis compañeros están igual que yo..." “si no lo hago yo lo hará otro...”. La colaboración es una posibilidad totalmente plausible de trabajar con un despacho siempre y cuando se respeten las características de esta tipología de contrato.

      Pues bien, para dirimir si estamos ante un autentico contrato mercantil, o arrendamiento de servicios, o si las circunstancias y condiciones dotan a la relación carácter laboral, debemos dirigirnos al Real Decreto 1331/2006, de 17 de noviembre, por el que se regula la relación laboral de carácter especial de los abogados que prestan servicios en despachos de abogados, individuales o colectivos, que en su artículo 1 discrimina mediante un elenco que se conforma como numerus clausus, aquellos hechos que no constituyen relación laboral especial del abogado.

 

       II.- Ante todo decir que esta Junta cree completamente necesaria la pasantía, ya que cuando se finaliza el periodo Universitario se es licenciado en derecho pero ni de lejos Abogado y hace falta mucha práctica y estudio con un compañero o en un despacho para poder comenzar eficazmente en el ejercicio de la abogacía y evitar cometer negligencias. Dicho esto, la figura de la pasantía es de carácter eminentemente docente, y debe entenderse como aquella institución en la que se intercala la formación y el aprendizaje teórico con el desarrollo y aprendizaje práctico de la profesión, contando siempre con la supervisión de un abogado con más años de experiencia que actúe como tutor.

      La pasantía para colegiados únicamente es posible si se materializa mediante el contrato en prácticas o de formación; desde luego no cabe la pasantía sin contrato, ni sin remuneración, gran parte en aprendizaje y en parte dineraria. La regulación del contrato en prácticas para los abogados viene recogida en el Real Decreto 1331/2006 y en el Estatuto de los Trabajadores. Con el fin de formar a los abogados que se están iniciando en la profesión, el Real Decreto 1331/2006 recoge algunas especialidades respecto al contrato en prácticas común, como cierta flexibilidad de horario para hacer compatible las prácticas con actividades formativas.

     Se exceptúan de esta categoría las prácticas externas del alumnado del Máster en Abogacía o de la Escuela de Práctica Jurídica.

     Entendemos que la pasantía, como es entendida, debería limitarse a los NO Colegiados y por ello queremos concienciar a los futuros abogados a que comiencen a conocer la profesión bajo la institución de la pasantía antes de colegiarse y una vez que sean compañeros puedan reivindicar un contrato digno.

 

http://www.icamalaga.es/portalMalaga/archivos/ficheros/1238420630544.pdf

 

DEFIENDES LOS DERECHOS DE LOS DEMÁS... ¿POR QUÉ NO DEFENDER LOS PROPIOS?

 

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